El balance de blancos y la exposición son los dos problemas más comunes con los que se enfrenta un fotógrafo. Si sus valores no son los correctos pueden destrozar lo que, de otro modo, podríamos considerar una buena fotografía. Las consecuencias de tener valores inadecuados para estos parámetros podrían ser; fotografías cuyo color general tiende al verde, amarillo, naranja, marrón, magenta o azul, fotografías muy claras o muy oscuras o una combinación de los dos anteriores.